En día recientes he escuchado reflexiones sobre la muerte que me han hecho pensar mucho.  Los impactos en la vida de los que quedamos sobre la partida de un ser querido, pero más que eso, el proceso de hablar sobre el que ya no está.

Escuchamos palabras o frases que se repiten indistintamente, como muletillas que llegan a nuestra boca cuando la emoción no nos deja pensar ni expresarnos.  Pero todos sabemos que hay personas que son muy particulares, que son especiales en todo y que esas frases repetitivas no le harían justicia nunca.

La muerte es un momento que para muchos resulta terrible, para otros hermoso y para pocos un simple proceso de vida.  La muerte, implica un gran paso, una transformación física.  Un regreso a nuestra esencia.  Es abandonarse en los brazos de lo desconocido para experimentar una grandeza para muchos prometida para otros incierta.

Es transformarnos y viajar al infinito.

Pero los que aquí quedamos los que nos enlazamos a los sentimientos de pérdida, de dolor, de ausencia sentimos que la vida se nos va. Que el tiempo y el espacio se detienen en un profundo dolor que no sabemos de donde proviene pero que nos arropa la vida y el ser.  Ese rompimiento, el tener que soltar lo que sentíamos que nos pertenecía nos lleva a encontrarnos en un desasosiego que no tiene consuelo ni explicación.

Hasta que por fin nos damos cuenta que para nosotros ese que se fue era parte importante de la vida, era una de las razones que nos hacia respirar, vivir, reir y hasta llorar.  Que nuestros lazos físicos son los que nos duelen.  Que el entender una partida no es asunto fácil y que todos en algún momento pasaremos varias veces por esa sensación tan terrible.

Al final entendemos que nuestros espíritus se conectan en la eternidad no importa si todavía tienes un cuerpo físico o si ya gozas de la libertad absoluta.  Que nuestras almas caminan juntas por una camino que fue creándose con el tiempo y con el amor que creció entre ellas.  Que el paso que damos con la muerte es un simple cambio, que no puede trastocar lo vivido y mucho menos la eternidad.

Al final entendemos que tu estuviste en mi vida para hacerla especial y que yo estoy en la tuya para devolverte la dicha.  Al final nos damos cuenta que nuestro cuerpo físico fue el punto de encuentro de dos almas que estarán juntas por el resto de la eternidad.

Al final dices gracias por que estuviste aquí.

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