sunbeam-750216En la vida andamos muchas veces como locos, con la mente llena de cosas por hacer y cosas que se quedaron, con fechas y horas futuras, pasadas y presentes.  Nos llenamos de miles de compromisos y obligaciones que a veces se hacen imposibles de completar.

Ahora le llamamos stress, Mother le decía ajoro.  Cuando miro hacia atrás y recuerdo los días en casa de Mother no logro recordar que ella dijera que tenía stress.  Ella se dejaba llevar por como cambiaba el día, no estaba pendiente al reloj.  El día transcurría de una forma natural, sin el anhelo de que llegara la próxima hora o el próximo día.  Quizás, eso le evitó el stress.  Las horas se medían según transcurria el día. 

Eso si era muy madrugadora.  El olor a café recien coladito sacaba de la cama a los más dormilones.  Un desayuno ligero y luego a fajinear.  Se movía de arriba para abajo todo el día.  En las tardes, al finalizar las tareas, se sentaba en el balcón a mirar, a poner la vista en el horizonte, a esperar.  ¿Qué esperaba? la visita de la tarde, el saludo del vecino que igual que ella se asomaba al balcón o simplemente la llegada de una brisa refrescante que aliviara el cansancio acumulado. 

Sin embargo, en ese momento Mother, calladamente, apreciaba los regalos de la vida.  Miraba las flores que premiaban su esfuerzo y sus cuidados.  Ponía el rostro al aire, cansado pero a la vez relajado para que la brisa le refrescara.  Olía la lluvia que se acercaba o el respiro de la tierra después de un día de sol.  Contemplaba las cosas sencillas, los regalos de la vida.

Creo que lo que le impedía agobiarse, su mejor antídoto contra el stress era ese momento del día en el que observaba y valoraba los regalos de la vida. Cosas que pasan desapercibidas por nuestra ajetreada vida, por la congestión de tránsito, por las obligaciones personales y profesionales o por que simplemente estamos demasiado distraídos como para ver las pequeñas cosas que diariamente se nos ofrecen, por eso andamos por la vida con una pancarta que dice STRESS.  Mother, vivió tranquila, pues sabía que al otro día después de sudar la gota gorda, después del duro trabajo la vida, su vida, tan bondadosa y complaciente le hacia llegar sus regalos.

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